
Resumen
Complicaciones psiquiátricas del aborto
Introducción: Las consecuencias psiquiátricas del aborto
inducido siguen siendo objeto de controversia. Las reacciones de cualquier
mujer al descubrir que ha concebido pueden ser muy variables. El embarazo,
inicialmente intencionado o no deseado, puede provocar estrés; y el
aborto espontáneo puede acarrear sentimientos de pérdida y
reacciones de duelo, por lo que no es de extrañar que el aborto
inducido, con las implicaciones emocionales añadidas (sentimientos de
alivio, vergüenza y culpa), sea vivido como acontecimiento de la vida
adverso y generador de estrés.
Consideraciones metodológicas: Existe acuerdo entre los
investigadores sobre la necesidad de comparar la evolución de la salud
mental (o las complicaciones psiquiátricas) con grupos apropiados, que
incluyen particularmente el de mujeres con embarazo no intencionado que dan a
luz y el de mujeres con aborto espontáneo. Y también hay acuerdo
en la necesidad de controlar el posible efecto, como factores de
confusión, de múltiples variables asociadas: demográficas,
contextuales, de desarrollo personal, de experiencias traumáticas
previas o actuales y de salud psíquica antes del evento
obstétrico. Cualquier desenlace psiquiátrico es de origen
multifactorial; el impacto de los acontecimientos depende de cómo son
percibidos, de los mecanismos psicológicos de defensa puestos en juego
(en gran parte inconscientes) y del estilo de afrontamiento. El hecho de
abortar voluntariamente tiene una indudable dimensión ética, en
la que se entrelazan los hechos y las valoraciones.
Resultados: Ninguna investigación ha encontrado que el aborto
inducido se asocie a mejor evolución de la salud mental, aunque los
resultados de algunos estudios son interpretados como «neutros» o
«mezclados». Algunos estudios de población general
señalan asociaciones significativas con dependencia de alcohol y de
drogas ilegales, con trastornos afectivos (incluida la depresión) y
algunos trastornos de ansiedad; y algunas de esas asociaciones se han visto
confirmadas, y matizadas, por estudios longitudinales prospectivos, que
sostienen que se trata de relaciones causales.
Conclusiones: Con los datos disponibles, es razonable dedicar esfuerzos
a los cuidados de salud mental de las mujeres que han tenido algún
aborto inducido. De ninguna manera puede invocarse, sobre bases
empíricas, razones de salud mental de la embarazada para provocar el
aborto.
Palabras clave: aborto inducido, aborto espontáneo, embarazo, trastornos
psiquiátricos.
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Abstract
Psychiatric complications of abortion
Introduction: The psychiatric consequences of induced abortion continue
to be the object of controversy. The reactions of women when they became aware
of conception are very variable. Pregnancy, whether initially intended or
unintended, may provoke stress; and miscarriage may bring about feelings of
loss and grief reaction. Therefore, induced abortion, with its emotional
implications (of relief, shame and guilt) not surprisingly is a stressful
adverse life event.
Methodological considerations: There is agreement among researchers on
the need to compare the mental health outcomes (or the psychiatric
complications) with appropriate groups, including women with unintended
pregnancies ending in live births and women with miscarriages. There is also
agreement on the need to control for the potential confounding effects of
multiple variables: demographic, contextual, personal development, previous or
current traumatic experiences, and mental health prior to the obstetric event.
Any psychiatric outcome is multi-factorial in origin and the impact of life
events depend on how they are perceived, the psychological defence mechanisms
(unconscious to a great extent) and the coping style. The fact of voluntarily
aborting has an undeniable ethical dimension in which facts and values are
interwoven.
Results: No research study has found that induced abortion is associated
with a better mental health outcome, although the results of some studies are
interpreted as «neutral» or «mixed.» Some general
population studies point out significant associations with alcohol or illegal
drug dependence, mood disorders (including depression) and some anxiety
disorders. Some of these associations have been confirmed, and nuanced, by
longitudinal prospective studies which support causal relationships.
Conclusions: With the available data, it is advisable to devote efforts
to the mental health care of women who have had an induced abortion. Reasons of
the womans mental health by no means can be invoked, on empirical bases,
for inducing an abortion.
Key words: induced abortion, miscarriage, pregnancy, psychiatric disorders.
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