| Declaraciones de la Asociación.-
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Conclusiones del VI
congreso de la Asociación Española de Bioética y
Ética Médica (AEBI)
Bioética, Política y Sociedad celebrado en Valencia del 15-17 de
noviembre de 2007
- El papel fundamental que España tuvo en la aprobación del
Convenio de Derechos Humanos y Biomedicina de 1997 ha quedado desvirtuado con
la aprobación de la Ley de Biomedicina. En la exposición de
motivos y con ello en su desarrollo, parte de la erronea afirmación de
que las células madre embrionarias, los embriones y los gametos son
imprescindibles para el progreso en la terapia regenerativa. Promueve
además la transferencia nuclear a óvulos para crear
células embrionarias con fines de investigación cuando el
Convenio lo prohíbe expresamente. El avance de los últimos
años en la reprogramación celular, hace carente de racionalidad
cientifica el hecho de seguir apostando por técnicas éticamente
cuestionables y técnicamente problemáticas como es la
transferencia nuclear a óvulos. En esta cuestión para adaptarse a
las nuevas realidades científicas y rectificar errores jurídicos
de tal embergadura, sería deseable que la ley española de
biomedicina fuera modificada cuanto antes.
- Respecto a la transmisión del SIDA constatamos que se ha puesto muy
poca atención y prácticamente no se ha dirigido ningún
recurso a las intervenciones de "evitación del riesgo", como
alentar el retraso del inicio de las relaciones sexuales o las relaciones
sexuales mutuamente monógamas. Sin embargo, la evidencia
científica indica que la "evitación del riesgo"
-precisamente lo que más se ha descuidado en la respuesta internacional-
es lo que, probablemente, se necesita desesperadamente para frenar la epidemia
del VIH/SIDA y para aliviar sus consecuencias a todos los niveles. Es preciso
enfatizar la prevención, redoblando los esfuerzos para lograr los
cambios en el comportamiento sexual que reducen la transmisión del
VIH.
- Uno de los factores que más limitan el acceso a los medicamentos es
el de su precio. Desde amplios sectores se propone que se actúe sobre
las patentes de los medicamentos (anulándolas o limitándolas)
para rebajar su precio. El problema de la exención de patentes es mucho
más complicado de lo que puede parecer en una primera
aproximación y, por otra parte, es una medida que también tiene
sus riesgos. Si por falta de recursos, o por dudar del posible retorno del
capital, se frena la investigación y el desarrollo de nuevos
medicamentos, la terapia del SIDA se vería notablemente agravada debido
a que es perentorio desarrollar nuevos fármacos contra el virus (del
sida) debido a la resistencias a los fármacos disponibles. Se requiere
pues del esfuerzo de la industria farmacéutica en investigar posibles
vías de colaboración con los países en vías de
desarrollo.
- Los comités de bioética asistencial han superado la fase
inicial de creación y se encuentran en la fase de formación
interna de sus propios miembros. Su objetivo desde ahora debe ser el buscar
aumentar la sensibilidad y la reflexión ética de todos los
profesionales de la salud. Deben de establecer programas de acción que
incidan directamente sobre los problemas y situaciones cotidianas de la
actividad asistencial promoviendo la reflexión sobre ellos y la
visión ética de toda la actividad profesional. Deben estimular a
la reflexión para cambiar la "acción".
- Las opiniones que afirman la posibilidad de que el hospital se constituya
como un organismo ético y desarrolle un estilo ético propio y
diferenciado son más numerosas, autoritativas y fundadas que las que la
niegan. Para ello es preciso que cada hospital desarrolle unas normas
éticas, eficientes y vivas, que han de sean expresión del ethos
colectivo que los que trabajan en él escogen para sí, y
declararen a pacientes y público general los compromisos éticos
que voluntaria y sinceramente asumidos. El hospital docente es, además
de escuela en que se enseña la ciencia y el arte de la medicina, una
comunidad moral que ha dar vigoroso testimonio de la ética vivida de la
profesión. Los estudiantes de medicina y los médicos
jóvenes quedan marcados, para bien o para mal, por la ética que
han visto en el hospital en que han residido.
- La confianza es condición de posibilidad de toda dirección
de personas. En el ámbito sanitario, ésta se encuentra en la base
de todo proyecto interpersonal y corporativo, porque presupone el logro de la
excelencia, la asunción voluntaria de responsabilidades, la
motivación intrínseca de los colaboradores, el logro de objetivos
estratégicos para la organización, el ahorro de tiempo y de
dinero; y, por encima de todo, es una profunda consideración
antropológica adecuada a la relación clínica donde la
prestación adelantada implica riesgos, y en la cual la correspondencia
del paciente no están en modo alguno predeterminada.
- La medicina debe de abrirse a otras ciencias para encontrar la
terminología adecuada para referirse a las circunstancias de
actuación sobre la vida incipiente y la prevención de riesgos. La
terminología no es neutra pues se refiere a una cultura en
evolución. Términos y conceptos como "salud
reproductiva", "interrupción de embarazo",
"planificación familiar" o el mismo de "sexo
seguro", que pueden haber tenido inicialmente un sentido distinto del que
han llegado a tener después, solo deben de usarse con extremo cuidado y
siempre y cuando se explicite su significado para el contexto en el que se
usan. Una adecuada precisión y evolución terminológica es
necesaria para que los profesionales de la salud no sean usados
involuntariamente con intencionalidad política partidista.
- En una sociedad organizada solamente sobre criterios de eficiencia y
productividad, es necesario redescubrir el papel de la mujer-madre como ser
humano con unas características esenciales que la capacitan para
comprender mejor a la persona, cómo es, qué necesidades tiene, a
qué aspira. Las mujeres manifiestan una forma de maternidad afectiva,
cultural y espiritual de un valor inestimable por la influencia que tiene en el
desarrollo de la persona. Es preciso que la mujer esté cada vez
más comprometida en el ámbito de la política y de la
sociedad civil, trabajando complementariamente con el hombre lo cual redundara
en un enriquecimiento de las discusiones bioéticas actuales entorno a la
vida humana.
- La bioética se ha desarrollado en estos últimos años
en los que se ha dado, cada vez mas, una mayor invasión de la mentalidad
técnica en la práctica ética. De aquí surge la
dificultad de plantear límites morales, ya que parecen exteriores a la
propia racionalidad ética. La bioética de los principios los ha
tomado de una racionalidad teleológica con una corrección
posterior autonomista. Esto produce una divergencia que manifiesta una
debilidad epistemológica y una dificultad de comprensión moral.
Esto es especialmente evidente en la formulación del principio de
autonomía, del que se quita la impronta ética que tenía en
Kant. Sin menospreciar la bioética de los principios se ha de postular
una nueva racionalidad ética que conlleve una reformulación que
parta de principios éticos que este en conexión más
directa con las experiencias éticas básicas.
- La religión invita a la tecnociencia a que desarrolle todas sus
posibilidades liberadoras para el ser humano suprimiendo las muertes evitables,
debidas a la miseria o la enfermedad, y al propio tiempo, le invita a que
reconozca sus límites, admitiendo el valor de la verdad que habla en la
conciencia de todos.
- Las creencias o increencias, en principio, poco importan en el debate
bioético si los diversos argumentos se proponen a los demás de
forma razonada y no impositiva. Esto supone no discriminar a nadie de partida
alejándolo de la discusión bioética por sus convicciones
previas, sean del signo que sean. Esto supondría una táctica
contraria al dialogo sincero, pues impone las propias ideas denigrando las
ajenas de partida. Aun así, el diagnostico ético elaborado y
deducido desde fuentes estrictamente religiosas no es indiferente al estudio
bioético, pues los juicios emitidos en base a dichas fuentes pueden
mostrar intuiciones morales básicas universales que ayuden al discurso
racional de la bioética sin que esto produzca confusión o
desunión entre los deliberantes bioéticos. Si la propuesta esta
configurada de forma comunicativa en igualdad con las demás y respetando
las criticas que desde la razón se le puede hacer, no debe ser
rechazada, sino más bien atendida en lo que tienen de aportación
al debate intelectual.
- En concreto el "ethos" cristiano supone una apertura sin
restricciones a la realidad y, precisamente por ello, requiere un esfuerzo
racional para hacer más inteligible lo humano. Si esta actitud se
encuentra en esta tradición religiosa-o en cualquier otra- el discurso
bioético nacido en su seno no puede ser más que una ayuda para el
esclarecimiento de cuestiones, que por su complejidad, exigen la
cooperación de cualquier instancia racional que posibilite resolverlas;
lo cual permite alejarnos de la parálisis intelectual que producen
posiciones que de una u otra forma ya no confían en la fuerza de la
razón humana.
- Los medios de comunicación social pueden manipular la verdad cuando
ocultan, desinforman, o informan parcialmente. Sin embargo, cuando los
profesionales de la información buscan la verdad, contribuyen
decisivamente a difundir la realidad bioética desde el prisma de la
dignidad de la persona humana. Por todo ello, la profesionalidad de los
informadores resulta clave: cuando se trabaja bien, se acude a las fuentes y se
resiste a la presión a de los poderes económicos y
políticos. De esta forma, la verdad aflora y se crea una
auténtica opinión pública. Es imprescindible concienciar a
los periodistas sobre la trascendencia positiva, o negativa, de sus actos y de
la necesidad en la información relativa a la bioética de la
objetividad para no caer en el sensacionalismo o la divulgación
interesada.
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