{\rtf1\ansi\ansicpg1252\uc1 \deff12\deflang1033\deflangfe1033{\fonttbl{\f0\froman\fcharset0\fprq2{\*\panose 02020603050405020304}Times New Roman;}{\f4\froman\fcharset0\fprq2{\*\panose 00000000000000000000}Times;} {\f7\fswiss\fcharset0\fprq2{\*\panose 00000000000000000000}Geneva;}{\f12\froman\fcharset0\fprq2{\*\panose 00000000000000000000}New York{\*\falt Times New Roman};}{\f38\fnil\fcharset0\fprq2{\*\panose 683003c5675000308f38}SSuperGreek{\*\falt Courier New};} {\f328\froman\fcharset238\fprq2 Times New Roman CE;}{\f329\froman\fcharset204\fprq2 Times New Roman Cyr;}{\f331\froman\fcharset161\fprq2 Times New Roman Greek;}{\f332\froman\fcharset162\fprq2 Times New Roman Tur;} {\f333\froman\fcharset177\fprq2 Times New Roman (Hebrew);}{\f334\froman\fcharset178\fprq2 Times New Roman (Arabic);}{\f335\froman\fcharset186\fprq2 Times New Roman Baltic;}}{\colortbl;\red0\green0\blue0;\red0\green0\blue255;\red0\green255\blue255; \red0\green255\blue0;\red255\green0\blue255;\red255\green0\blue0;\red255\green255\blue0;\red255\green255\blue255;\red0\green0\blue128;\red0\green128\blue128;\red0\green128\blue0;\red128\green0\blue128;\red128\green0\blue0;\red128\green128\blue0; \red128\green128\blue128;\red192\green192\blue192;}{\stylesheet{\qj \fi567\li0\ri0\sb240\sl360\slmult0\widctlpar\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin0\lin0\itap0 \f12\fs24\lang3082\langfe3082\cgrid\langnp3082\langfenp3082 \snext0 Normal;}{\*\cs10 \additive Default Paragraph Font;}{\s15\qj \fi567\li0\ri0\sb240\sl360\slmult0\widctlpar\tqc\tx4252\tqr\tx8504\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin0\lin0\itap0 \f12\fs24\lang3082\langfe3082\cgrid\langnp3082\langfenp3082 \sbasedon0 \snext15 header;}{ \s16\qj \fi340\li0\ri0\sb120\widctlpar\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin0\lin0\itap0 \f12\fs20\lang3082\langfe3082\cgrid\langnp3082\langfenp3082 \sbasedon0 \snext16 footnote text;}{\*\cs17 \additive \sbasedon10 page number;}{ \s18\qj \fi567\li0\ri0\sb240\sl360\slmult0\widctlpar\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin0\lin0\itap0 \cbpat9 \f7\fs24\lang3082\langfe3082\cgrid\langnp3082\langfenp3082 \sbasedon0 \snext18 Document Map;}{\*\cs19 \additive \super \sbasedon10 footnote reference;}{\s20\qj \fi567\li0\ri0\sb240\sl360\slmult0\widctlpar\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin0\lin0\itap0 \f12\fs24\lang3082\langfe3082\cgrid\langnp3082\langfenp3082 \sbasedon0 \snext20 Body Text 2;}}{\info {\title PRINCIPIOS METODOLOGICOS DE LAS DECISIONES MORALES}{\author Luis Miguel Pator}{\operator Stephen Hunter Jones}{\creatim\yr2002\mo5\dy14\hr19\min26}{\revtim\yr2002\mo5\dy14\hr19\min26}{\version2}{\edmins0}{\nofpages8}{\nofwords3093}{\nofchars17633} {\*\company Particular}{\nofcharsws21654}{\vern8247}}\paperw11880\paperh16800\margl1701\margr1134\margt1418\margb1134 \deftab567\widowctrl\ftnbj\aenddoc\hyphhotz0\sprstsp\otblrul\brkfrm\noxlattoyen\expshrtn\noultrlspc\dntblnsbdb\sprstsm\truncex\nolead\nospaceforul\msmcap\lytprtmet\hyphcaps0\horzdoc\dghspace0\dgvspace0\dghorigin0\dgvorigin0\dghshow0\dgvshow0 \jexpand\viewkind4\viewscale100\bdrrlswsix\nolnhtadjtbl \fet0\sectd \linex0\headery737\footery737\endnhere\titlepg\sectdefaultcl {\header \pard\plain \s15\qr \fi567\li0\ri0\sb240\sl360\slmult0\widctlpar \tqc\tx4252\tqr\tx8504\pvpara\phmrg\posxr\posy0\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin0\lin0\itap0 \f12\fs24\lang3082\langfe3082\cgrid\langnp3082\langfenp3082 {\field{\*\fldinst {\cs17 PAGE }}{\fldrslt {\cs17\lang1024\langfe1024\noproof 8}}}{\cs17 \par }\pard \s15\qj \fi567\li0\ri360\sb240\sl360\slmult0\widctlpar\tqc\tx4252\tqr\tx8504\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin360\lin0\itap0 { \par }}{\*\pnseclvl1\pnucrm\pnstart1\pnindent720\pnhang{\pntxta .}}{\*\pnseclvl2\pnucltr\pnstart1\pnindent720\pnhang{\pntxta .}}{\*\pnseclvl3\pndec\pnstart1\pnindent720\pnhang{\pntxta .}}{\*\pnseclvl4\pnlcltr\pnstart1\pnindent720\pnhang{\pntxta )}} {\*\pnseclvl5\pndec\pnstart1\pnindent720\pnhang{\pntxtb (}{\pntxta )}}{\*\pnseclvl6\pnlcltr\pnstart1\pnindent720\pnhang{\pntxtb (}{\pntxta )}}{\*\pnseclvl7\pnlcrm\pnstart1\pnindent720\pnhang{\pntxtb (}{\pntxta )}}{\*\pnseclvl8 \pnlcltr\pnstart1\pnindent720\pnhang{\pntxtb (}{\pntxta )}}{\*\pnseclvl9\pnlcrm\pnstart1\pnindent720\pnhang{\pntxtb (}{\pntxta )}}\pard\plain \qj \fi567\li0\ri0\sb240\sl360\slmult0\widctlpar\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin0\lin0\itap0 \f12\fs24\lang3082\langfe3082\cgrid\langnp3082\langfenp3082 { \par \par }\pard \qc \fi567\li0\ri0\sb240\sl360\slmult0\widctlpar\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin0\lin0\itap0 {\b \par }\pard \qc \fi567\li0\ri0\sb240\sl360\slmult0\widctlpar\aspalpha\aspnum\faauto\outlinelevel0\adjustright\rin0\lin0\itap0 {\b PRINCIPIOS METODOLOGICOS DE LAS DECISIONES MORALES \par Urbano Ferrer}{ \par }\pard \qj \fi567\li0\ri0\sb240\sl360\slmult0\widctlpar\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin0\lin0\itap0 { \par I. De acuerdo con la filosof\'eda cl\'e1sica, de entre los actos voluntarios la decisi\'f3n ocupa el lugar central. El proceso de la raz\'f3n pr\'e1ctica, que se inicia en la intenci\'f3n finalista que forma la voluntad y que termina en la ejecuci\'f3 n bajo la direcci\'f3n de la voluntad de ese fin, comprende dos etapas n\'edtidamente diferenciadas: una, de car\'e1cter anal\'edtico o deliberativo, que va del fin a los medios implicados nocionalmente en \'e9l, y la otra, de car\'e1cter sint\'e9 tico o de puesta en pr\'e1ctica, consistente en recomponer con los medios inquiridos previamente la realizaci\'f3n del fin. De este modo, el principio intencionado y el fin ejecutado coinciden materialmente, como lo expresa el adagio }{\i Primum in intentione, ultimum in executione}{. \par Pues bien, justamente el acto de decisi\'f3n marca la divisoria entre ambos trayectos, en la medida en que est\'e1 vuelta bifrontalmente a uno y a otro: es desde luego un decidir}{\i me}{, que interrumpe (etimol\'f3 gicamente, de-cidir viene de caedere, que significa cortar o interrumpir) el curso de la deliberaci\'f3n con un pronunciamiento singular del agente, y es a la vez un decidirme }{\i a}{, que se extiende a la serie temporal en la que se despliega la ejecuci \'f3n de la acci\'f3n. La decisi\'f3n es, pues, el punto de inflexi\'f3n en que convergen, por una parte, la actividad resolutoria que le hab\'eda precedido (no es casual que se llame a la decisi\'f3n tambi\'e9n resoluci\'f3 n) y, por otra parte, la composici\'f3n de la acci\'f3n en su totalidad partiendo de aqu\'e9llos medios que la deliberaci\'f3n ha encontrado. Santo Tom\'e1s denominaba a la decisi\'f3n el }{\i voluntario perfecto}{ cuando va respaldada por el recorrido deliberativo. Es lo que la contrapone a la decisi\'f3n precipitada o abulia (de }{\f38\fs20 a-bouvlesqai}{, ausencia de deliberaci\'f3n), la cual, siendo tambi\'e9 n un acto voluntario, carece no obstante de la medida proporcionada por el entendimiento que har\'eda de ella un acto plenamente voluntario. En la abulia la voluntad ha abdicado parcialmente de s\'ed misma, al no ponerse a la altura de lo que requerir\'ed a su ser guiada por el entendimiento. \par La ubicaci\'f3n peculiar de la decisi\'f3n en el curso de los actos voluntarios que preparan la acci\'f3n la pone en relaci\'f3n con un complejo de elementos, que s\'f3lo conjuntamente dan raz\'f3n de ella: tales son los }{\i valores universales}{ que l a justifican, la }{\i disposici\'f3n singular}{ del agente que ha tomado la decisi\'f3n adecuada, los }{\i medios y circunstancias}{ que est\'e1n connotados en lo decidido y, por \'faltimo, las }{\i consecuencias}{ que se van a seguir en el mundo en torno de su realizaci\'f3n circunstanciada. Son factores que se muestran por separado, planteando cada uno exigencias de orden distinto. \par Los valores se caracterizan por mantener su validez m\'e1s all\'e1 de su estar midiendo en particular una determinada decisi\'f3n; por su propia \'edndole son susceptibles de reconocimiento universal, incluso aunque no est\'e9n motivando decisi\'f3 n alguna. En cuanto a la singularidad, una es la relativa a la decisi\'f3n en la que se expresa su agente, en su capacidad de actuaci\'f3n, pero tambi\'e9n en su car\'e1cter acu\'f1ado por \'e9l mismo y en sus h\'e1 bitos virtuosos o cualidades estables distintivas, y otra es la singularidad propia de la acci\'f3n una vez realizada, entendida como efecto impreso en el exterior, que viene circunscrito por unas condiciones }{\i de facto}{ y por unas consecuencias provenientes del medio externo, en el que lo hecho se cruza con otros efectos. \par En el caso de que no comparezcan a la conciencia los valores motivadores de la acci\'f3n a los que el sujeto se adhiere, la decisi\'f3n resulta incoherente y a veces ininteligible, pues comprender una decisi\'f3 n equivale a referirla a unos criterios de valoraci\'f3n que la tornan racional. Si, en cambio, lo que est\'e1 ausente es la disposici\'f3n habitual virtuosa en el agente, entonces la decisi\'f3n no llevar\'e1 el sello insustituible de su autor, tal que se reconoce y potencia moralmente a s\'ed mismo con sus actos voluntarios (es lo que en parte expresaba Husserl, al decir que una vez que he llevado a cabo el acto de decidir, de ahora en adelante soy el que se ha decidido de tal o cual modo, convirti \'e9ndose de yo ejecutivo en sujeto habitual). Pero, si lo que falta es la ponderaci\'f3n debida de las circunstancias y medios de realizaci\'f3n, la decisi\'f3n ser\'e1 ineficaz y se quedar\'e1 en un gesto apresurado. Por \'fa ltimo, si las consecuencias previsibles no han sido tomadas en cuenta, la actuaci\'f3n ser\'e1 irresponsable, ya que el agente no estar\'e1 en condiciones de responder moralmente por una serie de efectos que \'e9 l mismo sin embargo ha contribuido a desencadenar. \par De alguna forma cada uno de los aspectos anteriores de la decisi\'f3n est\'e1n coimplicados en el ser-responsable: 1\'ba) la responsabilidad se contrae }{\i ante}{ alg\'fan valor, incluyendo aqu\'ed eminentemente el valor integral de aquellas otras personas cara a las cuales debo responder de mi actuaci\'f3n; 2\'ba) la responsabilidad requiere un sujeto que la haga propia, y ello no es posible sin la disposici\'f3 n moral a crecer en la responsabilidad como virtud; 3\'ba) la responsabilidad conlleva la identificaci\'f3n externa de la acci\'f3n por la que se responde, apta para ser imputada a su sujeto, que ha deliberado antes lo que ha decidido hacer (advi\'e9 rtase que tanto la responsabilidad como la deliberaci\'f3n sugieren etimol\'f3gicamente la idea de peso), y 4\'ba) la responsabilidad se dilata desde aquello que ha sido hecho hasta los efectos indirectos, en la me dida en que entran en el radio de lo previsto y asumido. \par }\pard\plain \s20\qj \fi567\li0\ri0\sb240\sl360\slmult0\widctlpar\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin0\lin0\itap0 \f12\fs24\lang3082\langfe3082\cgrid\langnp3082\langfenp3082 { A diferencia de los actos del entendimiento, las decisiones apuntan a un curso de acci\'f3n futuro, en el que concurren impoderables y decisiones ajenas, que s\'f3lo a lo largo de la realizaci\'f3n se van haciendo expl\'edcitos. Por ello, la propia decisi \'f3n es tambi\'e9n asimilable a un proceso que ha de irse confirmando \emdash y eventualmente revocando\emdash en el tiempo, m\'e1s all\'e1 de toda fijaci\'f3n, sin que ello signifique que haya habido precipitaci\'f3n en su adopci\'f3n primera. En este sentido, el "facella e no enmedalla" ser\'eda tan irresponsable como no haber contado en el principio con los factores que la legitiman. \par }\pard\plain \qj \fi567\li0\ri0\sb240\sl360\slmult0\widctlpar\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin0\lin0\itap0 \f12\fs24\lang3082\langfe3082\cgrid\langnp3082\langfenp3082 {II. Pasemos a examinar a continuaci\'f3 n el papel que juegan cada uno de los criterios acabados de consignar en el campo de la pr\'e1ctica m\'e9dico-curativa. \par La noci\'f3n de valor es entendida aqu\'ed en el sentido restringido de los valores morales, fundados en unos bienes ontol\'f3gicos. As\'ed, la vida humana, la integridad corporal y la salud son bienes, en los que se basan, respect ivamente, los valores del respeto a la vida, de la no mutilaci\'f3n del cuerpo o de la reposici\'f3n de la salud, si est\'e1 en peligro. La diferencia entre los bienes ontol\'f3gicos citados y los valores morales dimanados de ellos procede de que s\'f3 lo los primeros pertenecen constitutivamente a un sujeto existente, en este caso el hombre, demandando exigencias morales. No son los \'fanicos, pero s\'ed aqu\'e9llos que la pr\'e1ctica m\'e9 dica tiene preferentemente presentes en el paciente y que constituyen su esencial raz\'f3n de ser. Son anteriores a todo acto humano por el que se enjuicie que constituyen un bien que hay que proteger. En cambio, los valores morales resultan, ahora s\'ed , de un juicio normativo para la acci\'f3n del hombre, que los presenta en una situaci\'f3n determinada como debidos a bienes que hay que salvaguardar si est\'e1n amenazados, o bien como respuestas a bienes que hay que restablecer si est\'e1 n afectados por alguna lesi\'f3n}{\cs19\super \chftn {\footnote \pard\plain \s16\qj \fi340\li0\ri0\sb120\widctlpar\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin0\lin0\itap0 \f12\fs20\lang3082\langfe3082\cgrid\langnp3082\langfenp3082 {\cs19\super \chftn }{ }{\f4 R}{\scaps\f4 einer}{\f4 , H., }{\i\f4 Bueno y malo}{\f4 , Encuentro, Madrid, 1985.}}}{. \par El valor que subyace a todos los valores morales es aqu\'e9l de la persona humana al que denominamos dignidad. El concepto de \'93dignitas\'94 comporta que su sujeto vale en s\'ed mismo, y no como medio subordinado a la consecuci\'f3 n de uno u otro objetivo. En su origen griego }{\f38\fs20 ajxivon}{ significaba lo que es estimable de suyo, por lo que en s\'ed mismo es; en este sentido se dec\'ed a de los axiomas de la ciencia, como verdades inmediatamente evidentes, que no resultan de una inferencia a partir de otras anteriores o m\'e1s b\'e1sicas. En su aplicaci\'f3n al hombre S\'e9neca lo expresaba en los t\'e9 rminos de "homo res sacra homini": el hombre es intangible para el hombre". De un modo no muy diferente expuso Kant la dignidad (W\'fcrde), como el valor que posee el hombre en su interior, frente al precio, que viene a las cosas por aplicaci\'f3n de un criterio externo de medici\'f3n. Encontr\'f3 como signo de esta dignidad la presencia de la ley moral en \'e9l, que despertaba su admiraci\'f3n, no menos que el cielo de una noche estrellada. \par La dignidad humana no representa, por tanto, un principio convencional para nuestro comportamiento, que dependiera de contingencias socioculturales o de una opci\'f3n m\'e1s o menos arbitraria. Ni tampoco toda elecci\'f3n por el s\'f3 lo hecho de ser tomada aut\'f3nomamente (es decir, sin coacci\'f3n) es ya digna. Ocurre, por el contrario, que caben elecciones hechas por el hombre que son contrarias a su dignidad, como el suicidio voluntario o los atentados a la propia vida. El \'e1 mbito de la libertad que el m\'e9dico ha de tutelar es el que se mueve en los m\'e1rgenes de la dignidad humana, que es de suyo anterior al ejercicio de la libertad, en la medida en que \'e9sta puede secundarla o bien transgredirla. \par A otro nivel tambi\'e9n conviene la dignidad a las acciones libres, no ya s\'f3lo porque procedan de un sujeto digno como es el hombre, sino ante todo porque tienen una motivaci\'f3n adecuada a \'e9l, de la que reciben su nobleza particular. Es aqu\'ed donde se hace necesaria la apelaci\'f3n a los valores morales, por cuanto son los que, una vez interiorizados en la conciencia, miden la propia acci\'f3n y le otorgan el principio de su justificaci\'f3n. La grandeza del acto libre no est\'e1 en su indiferencia y desvinculaci\'f3n, sino propiamente en su ordenaci\'f3n a aquellos valores que en cada caso lo orientan y definen. \par En segundo lugar, por lo que hace a las decisiones m\'e9dicas, conciernen, aunque de distinto modo, a tres interlocutores inesquivables: el facultativo, el paciente y los familiares de \'e9ste, entre los que se ha creado un clima de apertura mutua y de co nfidencia reservada. Ninguno de ellos es an\'f3nimo para los otros. El m\'e9dico se gu\'eda por la curaci\'f3n del enfermo; el enfermo deposita en \'e9l su confianza, y los familiares y personal sanitario prestan su colaboraci\'f3 n. Ahora bien, la virtud que regula las rela ciones entre particulares desde el punto de vista del bien objetivo para la persona es la benevolencia, como una forma de amistad. Y cualquiera de las decisiones que se hayan de tomar se rige por este bien, en el que las tres partes son concordes. Se conv ertir\'eda por ello en una tecnificaci\'f3n ileg\'edtima cualquier decisi\'f3n de laboratorio adoptada desde fuera del historial cl\'ednico-narrativo de una persona y al margen de la relaci\'f3n interhumana sostenida por las partes afectadas. \par Estrechamente conexa con las decisiones est\'e1 la virtud moral. La noci\'f3n \'e9tica de \'93virtud\'94 denota en general, y conforme a su etimolog\'eda, una energ\'eda particular que conduce a la acci\'f3n moralmente buena con m\'e1 s facilidad y prontitud que cuando se trata de decisiones deliberadas y aisladas entre s\'ed . En consonancia con ello, hacer el bien al enfermo no es tanto el objetivo propuesto en un caso dado como lo que habitualmente dirige y encauza las decisiones determinadas. La curaci\'f3n no es, de este modo, la aplicaci\'f3n impersonal de una t\'e9 cnica objeto de dominio, sino que se inscribe en el contexto biogr\'e1fico y dial\'f3gico de un paciente. \par Pero la virtud no s\'f3lo se endereza a resolver mejor la pr\'e1ctica adecuada, sino que tiene una validez de suyo en el agente que la ha adquirido, como cualidad sobreactual, seg\'fan la denominaci\'f3n de Diettrich von Hildebrand}{\cs19\super \chftn {\footnote \pard\plain \s16\qj \fi340\li0\ri0\sb120\widctlpar\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin0\lin0\itap0 \f12\fs20\lang3082\langfe3082\cgrid\langnp3082\langfenp3082 {\cs19\super \chftn }{ }{\f4 Hildebrand}{, }{\f4 D. von, Etica, Encuentro, Madrid, 1997, p. 348 ss.}}}{. Tanto la virtud como los valores objetivos son lo que permite insertar las decisiones cl\'ednicas en el \'e1rea human\'edstica, as\'ed como, de un modo negativo, evitar la prevalencia del dominio ejercido sobre los objetos que es propia de la actitud t\'e9cnica. Como advert\'eda Gabriel Marcel en }{\i Les hommes contre l\'b4humain }{: "Todo progreso t\'e9cnico deber\'ed a estar equilibrado por una especie de conquista interior orientada hacia un dominio cada vez mayor de s\'ed... En el mundo de hoy se puede decir que se pierde tanta m\'e1s conciencia de su realidad \'edntima y profunda (del hombre) cuanto m\'e1 s dependiente es de todos los mecanismos cuyo funcionamiento le asegura una vida material tolerable". \par Ni los valores ni las virtudes est\'e1n en funci\'f3n de unos principios deontol\'f3gicos codificados ni de unas consecuencias medibles en t\'e9rminos de rendimiento objetivo, sino que la raz\'f3n de su aceptaci\'f3n est\'e1 en ellos mismos o, en t\'e9 rminos correlativos, en la apertura constitutiva del hombre a los valores que dignifican moralmente su actuaci\'f3n y en el crecimiento en dignidad que le depara la posesi\'f3n de las virtudes morales. El car\'e1cter human\'ed stico de ambos se evidencia en el hecho de que no consienten de por s\'ed ser evaluados desde unos baremos de productividad que les son ajenos. \par Por otra parte, los valores y las virtudes no se superponen a la decisi\'f3n singular, ya que aqu\'e9llos se expresan en ocasiones y situaciones singulares o definidas y \'e9stas a su vez se nutren de la propia acci\'f3 n irreemplazable que las ha hecho surgir. La validez universal no equivale, por tanto, aqu\'ed a una abstracci\'f3n del }{\i hic et nunc}{, sino que comporta m\'e1s bien una virtualidad que opera en circunstancias y marco s muy diversos, a los que confiere no obstante una significaci\'f3n id\'e9ntica. En esto se contraponen a las normas deontol\'f3gicas abstractas. Como ha indicado Leonardo Rodr\'edguez a prop\'f3sito de la virtud: "La ejercitaci\'f3 n de la virtud va ahormando o encauzando los sentimientos y deseos del sujeto. La virtud se convierte as\'ed en un resorte interno de la conducta, el cual ofrece mucha m\'e1s fiabilidad que el simple enunciado de un l\'edmite impuesto desde fuera"}{ \cs19\super \chftn {\footnote \pard\plain \s16\qj \fi340\li0\ri0\sb120\widctlpar\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin0\lin0\itap0 \f12\fs20\lang3082\langfe3082\cgrid\langnp3082\langfenp3082 {\cs19\super \chftn }{ }{\f4 R}{\scaps\f4 odr\'edguez}{\f4 D}{ \scaps\f4 upl\'e1}{\f4 , L., \'93Etica cl\'e1sica y \'e9tica period\'edstica\'94, }{\i\f4 Etica de la Informaci\'f3n y Deontolog\'edas del Periodismo}{\f4 , E. Bonete (coord.), Tecnos, Madrid, 1995, p. 71.}}}{. \par En tercer lugar, seg\'fan ve\'edamos en el primer apartado, la decisi\'f3n moral ha de enfrentarse con unos medios y unas circunstancias individuantes de la actuaci\'f3n en el curso de la deliberaci\'f3 n, la cual tiene su desenlace y cumplimiento precisamente en el acto de decisi\'f3n al que se ordena. La relevancia moral de este paso se debe, por una parte, a que los medios no son siempre meros medios, indiferentes en s\'ed mismos y ordenables a cualquier fin, sino que pueden funcionar como medios actuaciones humanas provistas como tales de una significaci\'f3n o bien \'f3rganos corp\'f3 reos del propio paciente o de otros sujetos humanos que lleguen a lesionarlo sensiblemente; y, por otra parte, tambi\'e9n plantea problemas \'e9ticos el empleo de los medios extraordinarios, as\'ed denominados por su alto da\'f1 o para el paciente o por su elevado coste para los familiares. La Etica s\'f3lo puede establecer los principios generales, que no llegan a suplir el peso de la decisi\'f3n eventualmente dif\'ed cil que moralmente han de afrontar las personas concernidas. Examinemos estos aspectos. \par Un principio \'e9tico b\'e1sico es el de que una acci\'f3n en s\'ed misma il\'edcita no admite ser cohonestada por su ordenaci\'f3n a un fin l\'edcito. La raz\'f3n es clara: si la acci\'f3n posee ya \'edndole de fin (tiene su }{\i finis operis}{ seg\'fa n la terminolog\'eda cl\'e1sica), cualquier otro fin al que se la subordine se convierte en arbitrario y yuxtapuesto, si se lo considera desde el fin que la define. Del hecho de estar dotada de un fin natural propio deriva que no se la pueda tratar como un mero material bruto, moldeable en uno u otro sentido. \par Otro principio \'e9tico-antropol\'f3gico tambi\'e9n fundamental es el de que el cuerpo no es objeto de disposici\'f3n para el hombre, sino que en \'e9l se expresa la verdad subjetual de \'e9ste. Se recoge as\'ed la distinci\'f3n ontol\'f3 gica entre el ser y el tener, puesta de manifiesto en el \'e1mbito de la existencia humana por Gabriel Marcel, entre otros autores. La expresi\'f3n "el cuerpo es m\'edo" es a este respecto ambigua, y s\'f3 lo aceptable en el sentido de que forma parte indisociable de mi ser, a diferencia de las cosas corp\'f3reas de que dispongo como simples medios, sea para habitar, desplazarme o para cualquiera de los fines existenciales; s oy mi cuerpo, no lo tengo a distancia. El caso novelesco de las v\'edctimas de un naufragio que necesitaban practicar la antropofagia con alguno de los supervivientes para poder alimentarse los dem\'e1 s ejemplifica el trato inmoral del cuerpo ajeno como un medio para sobrevivir. \par Ambos principios tienen un sustrato com\'fan, a saber, la presencia de una verdad propia tanto en la acci\'f3n humana como en el cuerpo del sujeto: en la acci\'f3n es una verdad que reside en su direcci\'f3n finalizada, en tanto que inherente a ella y no puesta por una intenci\'f3n de origen subjetivo, y en la la corporalidad viviente la verdad est\'e1 en que el cuerpo es de suyo \emdash siempre que no medie una intenci\'f3n a\'f1adida de ocultaci\'f3n\emdash expresivo de un sujeto, cuyas vivencias irradian en \'e9l (solemos decir que el cuerpo es el espejo del alma). \par Otra consideraci\'f3n que ha adquirido una importancia creciente en las sociedades contempor\'e1neas es la evaluaci\'f3n de las consecuencias que se han de seguir de la posici\'f3n de la acci\'f3n. En t\'e9rminos generales, la realizaci\'f3 n de lo decidido acarrea un coste que no habr\'eda de exceder los beneficios resultantes. Cuando se trata de magnitudes comparables la medici\'f3 n puede efectuarse, y lo que se exige es que los riesgos que ha de sortear, por ejemplo, la familia para adquirir un medicamento caro no sean mayores que las posibilidades de \'e9xito en la curaci\'f3n. Pero ya se ve que esta comparaci\'f3 n no siempre es f\'e1cil porque los bienes que est\'e1n en juego suelen pertenecer a \'f3rdenes diferentes: los costes en tiempo, en dinero, en renuncias a preferencias leg\'edtimas, en dedicaci\'f3n... no son comparables, y su evaluaci\'f3n s\'f3 lo es posible en cada caso por referencia al bien que exige ese precio. Quien elige vocacionalmente una profesi\'f3n no repara en los sacrificios comportados, con tal que le sean asequibles, mientras que quien la hace sin una motivaci\'f3 n suficiente suele exagerar lo que para ello ha tenido que orillar. \par Por otra parte, los beneficiarios de las consecuencias no coinciden siempre en sus preferencias: tales son el paciente, sus allegados y la sociedad en conjunto a trav\'e9s de los gastos de la asistencia sanitaria. As\'ed lo expone el ejemplo de una persona anciana con expectativas de vida y que se negaba a seguir aliment\'e1ndose; en el sentido contrario, el caso de una joven sin apenas posibilidades de seguir viviendo, a la que sus padres quer\'ed an someter a una arriesgada operaci\'f3n quir\'fargica; otro fue el caso de un beb\'e9 con lesi\'f3n cerebral que precisaba un tratamiento fuerte y costoso para mantenerse estacionariamente. Las decisiones incum ben a las diferentes partes afectadas, por lo que es aconsejable que no se tomen unilateralmente. Pero unas veces la \'faltima palabra la tiene el m\'e9dico, y otras veces el enfermo o sus familiares pr\'f3ximos. \par Para valorar las consecuencias de la acci\'f3n hay que referirlas en primer t\'e9rmino a los derechos objetivos irrenunciables de los pacientes, que son el criterio intransgredible para el facultativo. En general, la valoraci\'f3 n de las consecuencias implica siempre alg\'fan criterio axiol\'f3gico, ya sea el bienestar, el progreso en alg\'fan orden particular, la paz, pero sobre todo las perspectivas de mejora en la vida y la salud humanas en el \'e1mbito de la praxis m\'e9 dica que nos ocupa. La existencia de estos baremos objetivos es lo que impide que las consecuencias exitosas de una actuaci\'f3n aparezcan por azar, sin saber previamente lo que se persigue, por el solo empleo del }{\i trial and error}{. La situaci\'f3 n presenta alguna semejanza con la pr\'e1ctica educativa. As\'ed como los educandos no admiten ser tratados como materia experimental para probar la validez de los m\'e9 todos y planes educativos, tampoco los embriones vivientes deben convertirse en materia de experimentaci\'f3n, ya sea con vistas a encontrar unos nuevos procedimientos curativos, ya en busca de la m\'e9jora eugen\'e9sica. \par Situar las decisiones como emergiendo aleatoriamente de la concurrencia de unas u otras consecuencias significar\'eda renunciar al car\'e1cter primariamente subjetual de la decisi\'f3n, que s\'f3 lo subsiguientemente es contrastada con sus efectos y consecuencias y eventualmente corregida, pero que lleva en s\'ed la marca del fin asumido por el agente en el momento subjetivo-objetivo de la intenci\'f3n. El t\'e9 rmino "proyecto" significa secundariamente la aplicaci\'f3n proyectiva al terreno, pero primariamente denota la anticipaci\'f3n subjetiva de lo que se quiere realizar. Paralelamente, la decisi\'f3n se incoa en el proyecto motivado o intenci\'f3 n, a la vista de los fines, los medios y las consecuencias, y s\'f3lo de un modo derivado se plasma en unas realizaciones externas, que sin duda escapan en parte a la intenci\'f3 n directriz del sujeto, por no serle trasparente el mundo externo ni la materia particular sobre la que opera. \par }\pard \qj \fi709\li0\ri0\sb240\sl360\slmult0\widctlpar\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin0\lin0\itap0 {BIBLIOGRAFIA: \par \par }\pard\plain \s20\qj \fi567\li0\ri0\sb240\sl360\slmult0\widctlpar\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin0\lin0\itap0 \f12\fs24\lang3082\langfe3082\cgrid\langnp3082\langfenp3082 {B}{\scaps lazquez}{, N., }{\i Bio\'e9tica. 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