{\rtf1\ansi\ansicpg1252\uc1 \deff12\deflang1033\deflangfe1033{\fonttbl{\f0\froman\fcharset0\fprq2{\*\panose 02020603050405020304}Times New Roman;}{\f4\froman\fcharset0\fprq2{\*\panose 00000000000000000000}Times{\*\falt Times New Roman};} {\f12\froman\fcharset0\fprq2{\*\panose 00000000000000000000}New York{\*\falt Times New Roman};}{\f328\froman\fcharset238\fprq2 Times New Roman CE;}{\f329\froman\fcharset204\fprq2 Times New Roman Cyr;}{\f331\froman\fcharset161\fprq2 Times New Roman Greek;} {\f332\froman\fcharset162\fprq2 Times New Roman Tur;}{\f333\froman\fcharset177\fprq2 Times New Roman (Hebrew);}{\f334\froman\fcharset178\fprq2 Times New Roman (Arabic);}{\f335\froman\fcharset186\fprq2 Times New Roman Baltic;}} {\colortbl;\red0\green0\blue0;\red0\green0\blue255;\red0\green255\blue255;\red0\green255\blue0;\red255\green0\blue255;\red255\green0\blue0;\red255\green255\blue0;\red255\green255\blue255;\red0\green0\blue128;\red0\green128\blue128;\red0\green128\blue0; \red128\green0\blue128;\red128\green0\blue0;\red128\green128\blue0;\red128\green128\blue128;\red192\green192\blue192;}{\stylesheet{\ql \li0\ri0\widctlpar\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin0\lin0\itap0 \f12\fs24\lang3082\langfe3082\cgrid\langnp3082\langfenp3082 \snext0 Normal;}{\*\cs10 \additive Default Paragraph Font;}{\*\cs15 \additive \super \sbasedon10 endnote reference;}{\s16\ql \li0\ri0\widctlpar \tqc\tx4252\tqr\tx8504\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin0\lin0\itap0 \f12\fs24\lang3082\langfe3082\cgrid\langnp3082\langfenp3082 \sbasedon0 \snext16 footer;}{\*\cs17 \additive \fs16\up6 \sbasedon10 footnote reference;}{ \s18\ql \li0\ri0\widctlpar\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin0\lin0\itap0 \f12\fs20\lang3082\langfe3082\cgrid\langnp3082\langfenp3082 \sbasedon0 \snext18 footnote text;}{ \s19\qc \li0\ri906\sb240\widctlpar\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin906\lin0\itap0 \b\f4\fs36\lang3082\langfe3082\cgrid\langnp3082\langfenp3082 \sbasedon0 \snext19 Title;}}{\info{\title LA PERVERSA TEOR\'cdA DEL FIN BUENO}{\author JMB} {\operator Stephen Hunter Jones}{\creatim\yr2002\mo5\dy14\hr19\min27}{\revtim\yr2002\mo5\dy14\hr19\min27}{\printim\yr2000\mo2\dy16\hr10\min41}{\version2}{\edmins0}{\nofpages12}{\nofwords4105}{\nofchars23403}{\*\company .}{\nofcharsws28740}{\vern8247}} \margl1417\margr1417\margt1701\margb1701 \deftab709\widowctrl\ftnbj\aenddoc\hyphhotz0\sprstsp\otblrul\brkfrm\noxlattoyen\expshrtn\noultrlspc\dntblnsbdb\sprstsm\truncex\nolead\nospaceforul\msmcap\lytprtmet\hyphcaps0\horzdoc\dghspace0\dgvspace0\dghorigin0 \dgvorigin0\dghshow0\dgvshow0\jexpand\viewkind1\viewscale80\bdrrlswsix\nolnhtadjtbl \fet0\sectd \linex0\headery737\footery737\endnhere\titlepg\sectdefaultcl {\footer \pard\plain \s16\qc \li0\ri0\widctlpar \tqc\tx4252\tqr\tx8504\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin0\lin0\itap0 \f12\fs24\lang3082\langfe3082\cgrid\langnp3082\langfenp3082 {\chpgn \par }}{\*\pnseclvl1\pnucrm\pnstart1\pnindent720\pnhang{\pntxta .}}{\*\pnseclvl2\pnucltr\pnstart1\pnindent720\pnhang{\pntxta .}}{\*\pnseclvl3\pndec\pnstart1\pnindent720\pnhang{\pntxta .}}{\*\pnseclvl4\pnlcltr\pnstart1\pnindent720\pnhang{\pntxta )}} {\*\pnseclvl5\pndec\pnstart1\pnindent720\pnhang{\pntxtb (}{\pntxta )}}{\*\pnseclvl6\pnlcltr\pnstart1\pnindent720\pnhang{\pntxtb (}{\pntxta )}}{\*\pnseclvl7\pnlcrm\pnstart1\pnindent720\pnhang{\pntxtb (}{\pntxta )}}{\*\pnseclvl8 \pnlcltr\pnstart1\pnindent720\pnhang{\pntxtb (}{\pntxta )}}{\*\pnseclvl9\pnlcrm\pnstart1\pnindent720\pnhang{\pntxtb (}{\pntxta )}}\pard\plain \s19\qc \li0\ri906\sb240\widctlpar\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin906\lin0\itap0 \b\f4\fs36\lang3082\langfe3082\cgrid\langnp3082\langfenp3082 {LA PERVERSA TEOR\'cdA DEL FIN BUENO \par }\pard\plain \qc \li0\ri906\widctlpar\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin906\lin0\itap0 \f12\fs24\lang3082\langfe3082\cgrid\langnp3082\langfenp3082 {\b\f4\fs36 \par }{\f4\fs28 Un c\'e1lculo corrupto en el fondo del debate sobre el certificado de asesoramiento previo al aborto en Alemania. \par }\pard \qc \li0\ri906\sb240\widctlpar\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin906\lin0\itap0 {\f4\fs28 \par }{\b\f4\fs28 Robert Spaemann}{\cs17\fs16\up6 *{\footnote \pard\plain \s18\qj \li0\ri906\widctlpar\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin906\lin0\itap0 \f12\fs20\lang3082\langfe3082\cgrid\langnp3082\langfenp3082 {\cs17\fs16\up6 *}{\f4\fs24 Publicado en }{ \i\f4\fs24 Frankfurter Allgemeine Zeitung (Bilder und Zeiten),}{\f4\fs24 edici\'f3n del 23.X.1999.}}}{\b\f4\fs28 \par }{\f4 (Traducci\'f3n: Jos\'e9 Mar\'eda Barrio Maestre y Ricardo Barrio Moreno) \par }\pard \qj \fi560\li0\ri906\sb240\widctlpar\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin906\lin0\itap0 {\f4\fs28 \par En el a\'f1o 1952 el Tribunal Supremo alem\'e1n conden\'f3 a dos m\'e9dicos por cooperaci\'f3n al homicidio. Los m\'e9dicos, durante el a\'f1o 1941, hab\'edan tomado parte en la campa\'f1a gubernamental de eutanasia masiva para los enfermos mentales. Hab \'edan elaborado listas de enfermos, entreg\'e1ndolos as\'ed a la muerte. Ante el Tribunal quisieron hacer valer de forma incontestable que s\'f3lo hab\'edan cooperado en la acci\'f3 n homicida para salvar a una parte de los enfermos que estaban amenazados de muerte. De hecho, hab\'edan excluido de las listas, aproximadamente un 25% de enfermos, infringiendo as\'ed las disposiciones vigentes. Con su conducta hab\'edan librad o de una muerte segura en la c\'e1mara de gas a otros pacientes, poni\'e9ndolos a salvo o aloj\'e1ndolos en establecimientos confesionales. \par Estos m\'e9dicos fueron absueltos en la primera instancia judicial, acept\'e1ndose las alegaciones mencionadas. Sin embargo, el Tribunal Supremo federal revoc\'f3 la resoluci\'f3n absolutoria y fundament\'f3 su fallo del siguiente modo: \'93Cuando est\'e1 n en juego vidas humanas, sostener la oportunidad de aplicar el principio del mal menor en atenci\'f3n a valores efectivos razonables, as\'ed como intentar hacer depender la legitimidad jur\'eddica de la acci\'f3 n del resultado global de la misma desde una perspectiva social, se opone a la cultura que mantiene la ense\'f1anza moral cristiana acerca del ser humano y su \'edndole personal\'94. \par Los acusados \'93no habr\'edan actuado en desacuerdo con la opini\'f3n mantenida entonces por los m\'e9dicos m\'e1 s responsables y serios si se hubiesen negado a participar en la matanza de enfermos mentales, al precio de ser apartados de cualquier puesto de inter\'e9s decisorio dentro de la maquinaria del exterminio\'94 . El caso es que, como el juicio puso de manifiesto, hubo muchos m\'e9dicos honestos que prefirieron dejar sus puestos de especialistas cl\'ednicos antes que cooperar, aun indirectamente, en la masacre de inocentes. \par Los tiempos han cambiado. Los \'93patrones culturales dominantes\'94 ya no est\'e1n orientados por la ense\'f1anza moral cristiana que, por su parte, pose\'ed a elementos comunes con las doctrinas judaica, griega y romana. Buena parte de los herederos de esa ense\'f1anza, y que tienen la misi\'f3n de transmitirla, renuncian precisamente a seguir haci\'e9ndolo. Los m\'e9 dicos que entonces se apartaron de toda cooperaci\'f3n en el exterminio \endash aun trat\'e1ndose de una cooperaci\'f3n remota\endash y desistieron de cualquier intento de influir en el proceso, hoy ser\'edan censurados en Alemania por ciertos obispos cat\'f3licos, pues para tales m\'e9dicos es mucho m\'e1s congruente con su \'93bata blanca\'94 esa postura \'e9tica que la de contribuir a salvar el mayor n\'fa mero posible de vidas amenazadas y a rebajar la cifra total de muertos. Igualmente les censurar\'eda el \'93Comit\'e9 Central de los cat\'f3licos alemanes\'94, incluso les acusar\'eda del delito de omisi\'f3 n de auxilio, por su irresponsable retirada. El Papa, uno de los \'faltimos defensores de la vieja \'c9tica, con dos milenios y medio de antig\'fcedad, ha sido cuestio nado por algunos obispos alemanes por el hecho de que miles de no nacidos sean abandonados a la muerte. La respuesta cl\'e1sica a esta cuesti\'f3n es clara. Nadie tiene responsabilidad de lo que sin su intervenci\'f3n sucede, siendo as\'ed que esto s\'f3 lo podr\'eda evitarse haciendo algo que no le incumbe hacer. \par \par }\pard \qc \li0\ri906\sb240\widctlpar\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin906\lin0\itap0 {\b\i\f4\fs28 El deber de una omisi\'f3n incondicional \par }\pard \qj \fi560\li0\ri906\sb240\widctlpar\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin906\lin0\itap0 {\f4\fs28 Todo el mundo reconoce que nadie puede ser censurado por omitir una acci\'f3n que le era f\'ed sicamente imposible realizar, como por ejemplo en el caso de que no tuviera manos. El modo de pensar europeo \endash aunque no s\'f3lo de los europeos\endash siempre tuvo en cuenta que existen acciones que no es posible realizar moralmente. No existe responsabilidad alguna por lo que sucede sin poderlo evitar mediante tales acciones. Los m\'e9dicos que no parti ciparon en aquel asunto de la eutanasia, se encontraron como si carecieran de manos para rellenar las listas. El viejo legislador romano ten\'eda, para esto, la cl\'e1sica f\'f3rmula: \'93 Las acciones que contradicen las buenas costumbres han de considerarse como aquellas que nos es imposible llevar a cabo\'94 }{\i\f4\fs28 (Digesto XXVII).}{\f4\fs28 Se podr\'eda comparar la quintaesencia de ese pensamiento con la f\'f3 rmula popular de que el fin no justifica los medios. \par Esta concepci\'f3n ser\'e1 calificada por sus nuevos adversarios como fundamentalismo \'e9tico. Seg\'fan ellos, el fundamentalista \'e9tico es quien piensa que hay algo a lo que no est\'e1 dispuesto, aunque est\'e9 en juego el m\'e1 s noble de los fines. En Europa, el arquetipo literario de dicho \'93fundamentalismo\'94 ha sido siempre Ant\'edgona, cuya convicci\'f3n de que estaba obligada a sepultar a su hermano, fundada en una tradici\'f3n inmemorial, no se subordinaba a la raz\'f3 n de Estado. La \'e9tica filos\'f3fica cl\'e1sica, que fue integrada en el cristianismo desde su comienzo, advierte que la bondad de una acci\'f3n depende no s\'f3lo de ella misma \endash del tipo de acci\'f3n que sea\endash , sino tambi\'e9 n de las circunstancias, de los efectos resultantes, de las alternativas disponibles y de las intenciones subjetivas de quienes toman parte en ella. Existen, no obstante, acciones cuya intr\'ednseca ma licia es perfectamente reconocible aun sin un conocimiento previo de las circunstancias, de las intenciones y motivaciones subjetivas. Son siempre reprobables, y el prop\'f3sito de alcanzar un fin bueno a trav\'e9 s de semejantes acciones nunca puede ser un buen prop\'f3sito. El fin bueno no hace bueno al mal medio. \par De aqu\'ed se infiere que no son v\'e1lidos los imperativos que previamente desconsideran las circunstancias y que, m\'e1s bien al contrario, existen mandatos incondicionales de omisi\'f3n: hay cosas que el hombre debe estar dispuesto a no hacer. \'93 Ese hombre es capaz de todo\'94 es, ciertamente, una buena tarjeta de presentaci\'f3n en los reg\'edmenes totalitarios y en las bandas mafiosas. Para las personas normales, se trata de una advertencia, de una se\'f1al de peligro. Y lo mismo para la \'e9 tica filos\'f3fica cl\'e1sica, para Arist\'f3teles, Tom\'e1s de Aquino, Kant o Hegel. Contraponerlas como \'93\'e9tica de la convicci\'f3n\'94 }{\i\f4\fs28 (Gesinnungsethik) }{\f4\fs28 y \'93\'e9tica de la responsabilidad\'94 }{\i\f4\fs28 (Verantwortungsethik),}{\f4\fs28 en el sentido de Max Weber, es errar la punter\'eda. La cuesti\'f3n no es si asumimos una responsabilidad por las consecuencias de nuestras acciones y omisiones, sino m\'e1s bien a qu\'e9 se refiere esa responsabilidad y si ella nos alcanza. Por eso la noci\'f3n de \'93\'e9tica teleol\'f3gica\'94 }{\i\f4\fs28 (teleologische Ethik)}{\f4\fs28 resulta tambi\'e9n inadecuada como rasgo diferenciador. Toda \'e9tica es teleol\'f3 gica en tanto que se refiere a acciones que son siempre teleol\'f3gicas, es decir, que tienen un fin. El car\'e1cter incondicionado de ciertos deberes de omisi\'f3n descansa en que tenemos una responsabil idad preferente frente a los efectos por los que se define nuestra respectiva acci\'f3n, as\'ed como frente a quienes est\'e1 n afectados inmediatamente por tales efectos. Determinadas acciones son, sin embargo, con independencia de sus consecuencias posteriores, incompatibles con esa responsabilidad. La acci\'f3 n de excluir a alguien de la lista para el exterminio, en el caso de los m\'e9dicos mencionados al principio, afectaba directamente a quienes hab\'edan sido seleccionados para morir. De ah\'ed que la acci\'f3n sea irrespons able, aunque la contrapartida fuera que otros pudieron salvarse por ella. \par En esta distinci\'f3n se fundamenta el que la omisi\'f3n de una acci\'f3n reprobable sea una obligaci\'f3n absoluta, an\'e1loga a la de evitar o combatir cierta conducta. Quien considera el aborto como algo reprobable, nunca debe prestarle su cooperaci \'f3n. El deber que el Estado tiene de impedirlo es ciertamente un deber de rango superior, pese a la notoria insuficiencia de nuestra legislaci\'f3n en este punto. No obstante, ese deber ha de considerarse como la obligaci\'f3n de una intervenci\'f3 n positiva con un tipo de incondicionalidad distinto al que corresponde al deber de omisi\'f3n. El deber de intervenir siempre est\'e1 sujeto a una ponderaci\'f3n en la que se tiene en cuenta que el principio del mal menor tiene un puesto leg\'ed timo, que sin embargo no entra en juego cuando se trata del deber de omisi\'f3n. \par Max Weber lo expuso claramente con el ejemplo del pacifista. Quien considera reprobable cualquier muerte, incluso en tiempo de guerra, puede negarse justificadamente a prestar el servicio militar. Weber sent\'eda mayor respeto por la \'93\'e9 tica de la convicci\'f3n\'94, frente a quienes se alinean hoy con la mayoritaria \'93\'e9tica de la responsabilidad\'94, mientras no se politice la cuesti\'f3n. Ahora bien, quien no s\'f3lo se niega a presta r el servicio militar, sino que trata de manipular pol\'edticamente la insumisi\'f3n, se hace responsable de sus consecuencias, ya que se convierte en autor de aqu\'e9lla. Si consigue, aunque s\'f3lo sea debilitar las fuerzas armadas de su propio pa\'ed s, sin llegar desde luego a suprimirlas completamente, podr\'e1 ser tambi\'e9 n responsable del estallido de la guerra, como fue el caso de los movimientos pacifistas occidentales antes de la segunda guerra mundial. En el contexto de estas ideas radica el sentido de la distinci\'f3n propuesta por Weber. \par Cuando Tom\'e1s Moro renunci\'f3 a su puesto de Lord Canciller y volvi\'f3 a su vida privada, sigui\'f3 exactamente ese mismo principio. Reprob\'f3 el cisma de la iglesia de Inglaterra; no quiso contribuir de ninguna forma a su separaci\'f3n de la de Ro ma. Pero no se sent\'eda obligado a actuar en contra como un pol\'edtico activo, conociendo sobre todo lo in\'fatil de tal intento, pues a la hora de intervenir siempre se piensa en la posibilidad de \'e9xito. Tom\'e1s Moro no estaba interesado en un in \'fatil comando suicida. Si finalmente fue ejecutado, al no permit\'edrsele vivir en paz ni tan solo como una persona privada, lo fue porque se esperaba de \'e9l una confesi\'f3n que no concedi\'f3 por ser incompatible con su conciencia. \'c9l no se sinti \'f3 llamado a hacer de h\'e9roe, que muere entregando su vida por una causa. \par \par }\pard \qc \li0\ri906\sb240\widctlpar\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin906\lin0\itap0 {\b\i\f4\fs28 Una \'e9tica estrat\'e9gica no es \'e9tica \par }\pard \qj \fi560\li0\ri906\sb240\widctlpar\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin906\lin0\itap0 {\f4\fs28 Sin embargo, \'e9l estaba preparado para morir si en ello consist\'eda el precio por la omisi\'f3 n de algo que consideraba reprobable. Y tampoco se dej\'f3 arrastrar por las sugestiones de su hija, que dec\'eda que finalmente todos los obispos de Inglaterra, con excepci\'f3n de unos pocos, no ve\'edan la reprobaci\'f3n que s\'ed ve\'eda Moro. \'c9 ste se apoyaba en el amplio consenso alcanzado por la cristiandad en los \'faltimos mil quinientos a\'f1os, consenso que ha sido quebrado, en lo que se refiere a la definici\'f3n de las acciones buenas y malas, en el campo de la \'e9tica filos\'f3 fica desde hace m\'e1s de cien a\'f1os. En el seno de la doctrina moral cat\'f3lica se ha roto desde hace m\'e1s tiempo incluso, y en el de la teolog\'eda moral cat\'f3lica desde hace unas d\'e9cadas. No hay lugar aqu\'ed para ocuparnos de las causas de estas quiebras. El hecho es que en el debate sobre el certificado de asesoramiento que se exige como condici\'f3n del aborto legal en Alemania, ambas partes se acusan rec\'edprocamente de falta de respeto a la vida humana \endash una, por cooperaci\'f3n a la muerte, otra por omisi\'f3n de la prestaci\'f3n de ayuda\endash , lo que hace que esa fractura se manifieste abiertamente sin que las partes en litigio le den su verdadero nombre. \par Quiz\'e1s pueda destacarse m\'e1s claramente la distinci\'f3n acudiendo a Kant, si bien este autor no puede ser considerado como un representante cabal de la \'e9tica cl\'e1 sica. Kant propone considerar las acciones desde el punto de vista de si pueden ser representadas como parte de un orden general de la vida digno del hombre. La nueva \'e9tica, en cambio, propone preguntarse si una acci\'f3n es id\'f3 nea para producir un cierto estado de cosas humanamente digno. A lo que nosotros hoy denominamos buenas acciones, los griegos las llamaban \'93bellas\'94 acciones, es decir, aquellas que se conciben en s\'ed mismas como justas y, por ello, como posibles partes de un orden de vida justo. La nueva \'e9tica, por el contrario, considera buena una acci\'f3n si el conjunto de sus efectos resulta m\'e1s deseable que el conjunto de resultados que se deriven de cualquier otra alternativa disponible. \par La nueva \'e9tica juzga las acciones como parte de una estrategia. La acci\'f3n moral va a ser entonces una acci\'f3n estrat\'e9gica. Esta forma de pensar, que en un principio se denominaba corrientemente \'93utilitarismo\'94 , tiene su origen en el pensamiento pol\'edtico. Bentham, padre del utilitarismo, ten\'eda ante los ojos la pol\'edtica social. Y aqu\'ed se encuentra el \'e1mbito leg\'edtimo origen de esa forma de pensamiento. La pol\'edtica es siempre utilitarista, y si existen l\'edmites al utilitarismo, entonces se trata de los l\'edmites que hay que poner a la pol\'edtica, de l\'edmites \'e9ticos. Bentham cre\'ed a asimismo disponer de un claro concepto determinante de la utilidad, el placer, y a ser posible con la mayor cantidad posible de bienestar subjetivo. \par Cuando John Stuart Mill introduce criterios cualitativos en semejante concepto del bienestar, afirmando ser preferible un S\'f3crates infeliz que un cerdo feliz, entonces se da ya un paso m\'e1s all\'e1 del utilitarismo pol\'ed tico. Posteriormente, G.E. Moore cuestion\'f3 el principio hedonista del inter\'e9s utilitario, as\'ed como el que \'e9ste hubiese asumido como objetivo de la estrategia \'e9tica el incremento del contenido axiol\'f3gico del mundo. Tal \'93 utilitarismo ideal\'94 fue el que produjo, en los a\'f1os sesenta, la orientaci\'f3n consecuencialista en la teolog\'eda moral cat\'f3lica, cooperando en la irrupci\'f3n de una visi\'f3n moral de car\'e1cter estrat\'e9gico enmascarada tras el equ\'ed voco concepto de una \'93\'e9tica teleol\'f3gica\'94. \par Antes de que esta ruptura encontrara su primera expresi\'f3n dram\'e1tica sociol\'f3gicamente relevante en el asunto del certificado alem\'e1n, ya se hab\'eda hecho reconocible a los observadores a trav\'e9s de t\'edmidas manifestaciones. As\'ed , por ejemplo, en las plegarias de la Iglesia ya no se ped\'eda a Dios, como una d\'e1diva suya, que nos haga justos, pac\'edficos y valientes, sino m\'e1s bien que nos \'93predisponga\'94 en favor de la justicia, la paz y los derechos humanos, etc., lo cual, seg\'fan la nueva \'e9tica, se puede conseguir sin necesidad de poseer las virtudes antes rese\'f1adas. A la luz de la \'e9tica estrat\'e9gica, el cuidado de la propia salvaci\'f3n \endash que constitu\'eda una preocupaci\'f3n central, tanto para la filosof\'eda antigua como para el Cristianismo\endash aparece como una forma de ego\'edsmo espiritual. \par \par }\pard \qc \li0\ri906\sb240\widctlpar\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin906\lin0\itap0 {\b\i\f4\fs28 \'bfEs ego\'edsmo moral tener la bata limpia de sangre? \par }\pard \qj \fi560\li0\ri906\sb240\widctlpar\aspalpha\aspnum\faauto\adjustright\rin906\lin0\itap0 {\f4\fs28 Jean-Paul Sartre formul\'f3 constantemente este reproche contra el \'93inter\'e9s por una conciencia limpia\'94 , y finalmente lo hizo en los inacabados }{\i\f4\fs28 Cahiers pour une morale.}{\f4\fs28 En todo caso, esa advertencia la hab\'eda limitado a los ateos. Seg\'fan \'e9l, \'e9stos estaban obligados por el consecuencialismo radical, y nadie pod\'ed a arrebatarles la responsabilidad respecto del mejoramiento del mundo. Para quien persiga ese objetivo valen las palabras de Lenin: \'93Todo nos est\'e1 permitido\'94. Para los creyentes es v\'e1lida otra cosa, a\'f1 ade Sartre. Ellos reconocen, en primer lugar, que el destino del mundo est\'e1 en las manos de Dios. Si se empe\'f1an, seg\'fan las palabras del Ap\'f3stol Pablo, en \'93conservarse sin mancha ante el mundo\'94, entonces no se trata de ego\'edsmo moral, pues ellos asumen una responsabilidad ante Dios por su propia vida. Dicha responsabilidad se confirma cuando intentan que sus acciones sean \'93bellas\'94 (decorosas). A m\'ed me parece que Sartre comprendi\'f3 mejor que ciertos te\'f3 logos lo que supone las consecuencias morales de la fe en Dios. \par Volvamos nuevamente a los argumentos obrantes en el conflicto sobre el certificado del asesoramiento en Alemania, ejemplo actual y muy controvertido del planteamiento consecuencialista. Parece en primer lugar que se trata de sal var vidas humanas, y precisamente mediante un compromiso que se asume en relaci\'f3n al aborto despenalizado a trav\'e9s de un asesoramiento previo. Y tambi\'e9n con el objetivo de \'93no dejar a las mujeres en la estacada\'94, allan\'e1 ndoles el camino para el aborto a las que lo deseen. Aqu\'ed est\'e1n en juego, evidentemente, dos diferentes objetivos que se engarzan de manera ingeniosa. Pero, \'bfd\'f3nde est\'e1 escrito que la Iglesia deba estar interesada, ante todo, en evitar la muerte prematura? El primer inter\'e9s de la Iglesia es la \'93salvaci\'f3n de las almas\'94, no el \'93derecho a la vida\'94, proteger el cual es una misi\'f3 n del Estado. En la medida en que se delegue esa protecci\'f3n en la Iglesia, ambas instituciones acaban corrompi\'e9ndose. En el asesoramiento eclesi\'e1stico de ninguna manera se pone en primer lugar a los ni\'f1os, sino m\'e1 s bien a las mujeres. La muerte prematura no existe en ning\'fan caso }{\i\f4\fs28 sub specie aeternitatis.}{\f4\fs28 Ahora bien, al matar se produce el suicidio espiritual. Deja a una mujer en la estacada quien coopera a ese suicidio espiri tual. De este modo se est\'e1 ya programando el futuro certificado eclesi\'e1stico para la eutanasia. \par Esto es as\'ed, en todo caso, si el aborto es lo que los cristianos creen que es, algo reprobable, tanto para el cristianismo como para S\'f3crates, cuyo an\'e1lisis filos\'f3fico se ha convertido durante dos mil a\'f1os en patrimonio com\'fa n, pese al hecho de que pareci\'f3 escandaloso a sus contempor\'e1neos: obrar injustamente es siempre mucho peor para los que cometen la injusticia que para quienes la padecen. \par El consecuencialismo contin\'faa siendo, hoy en d\'eda, un paradigma dominante en la teolog\'eda moral cat\'f3lica en Alemania, a pesar de que el Papa Juan Pablo II haya hecho una cr\'edtica detallada a este tipo de \'e9tica en su enc\'edclica }{ \i\f4\fs28 Veritatis splendor,}{\f4\fs28 se\'f1alando adem\'e1s su incompatibilidad con la ense\'f1anza cristiana. La incompatibilidad de ambas morales se puso claramente de manifiesto, de manera ejemplar, en el per\'edodo en el que se proyect\'f3 un nuevo certificado de asesoramiento en el que deb\'eda hacerse constar expresamente que no pod\'eda em plearse para el aborto despenalizado. Este fue nuevamente rechazado, ya que los portadores del certificado de referencia amenazaban con demandar al Estado en el caso de que mantuviera ese texto y ya no fuera reconocido, en cuanto certificado eclesi\'e1 stico, como aval para la realizaci\'f3n del aborto. El escarnio p\'fablico no se hizo esperar, pero la burla y la protesta desde casi todos los sectores tradujeron realmente el panorama tr\'e1gico de la cuesti\'f3 n, es decir, el fracaso del intento de forzar una compatibilidad entre dos formas irreconciliables de \'e9tica. \par En la discusi\'f3n filos\'f3fica hubo de considerarse el consecuencialismo como algo superado desde hac\'eda tiempo. Ese modelo no es capaz de ayudarnos a formular te\'f3ricamente nuestras intuiciones morales elementales. En este sentido, John Rawls ya demostr\'f3 c\'f3mo la exigencia de justicia no puede fundarse desde el consecuencialismo. Las consecuencias de una legislaci\'f3n pueden ser muy ventajosas en determinadas circunstancias para la mayor\'ed a, mientras una minor\'eda puede ser privada de sus derechos por esa legislaci\'f3n. La objeci\'f3n de que dicha ventaja pudiera no constituir una aut\'e9ntica ventaja, ya que est\'e1 acompa\'f1ada por una corrupci\'f3 n moral, no le afecta al consecuencialismo. Es decir, el consecuencialismo s\'f3lo puede incluir, seg\'fan su c\'e1lculo, valores extramorales, pues de lo contrario tendr\'ed a que argumentar de forma circular: moralmente bueno es todo aquello que promueve un bien moral. \par Una debilidad a\'f1adida a esta argumentaci\'f3n estrat\'e9gica reside en que descubre que no disponemos de suficiente informaci\'f3n para poder juzgar acerca de una optimizaci\'f3n a largo plazo. Los futur\'f3logos, que creen saber m\'e1 s del futuro que las personas corrientes, tendr\'edan que exigirles a \'e9stas que delegaran en ellos su conciencia. As\'ed, el consecuencialismo constituye una inhabilitaci\'f3 n moral de las personas corrientes. De nuevo el certificado del que venimos hablando supone un buen ejemplo. La cooperaci\'f3n al aborto puede servir quiz\'e1 para impedir otros abortos, pero con gran probabilidad la presentaci\'f3 n del certificado obtenido de instituciones cristianas sirve para debilitar la conciencia de lo injusto y de ese modo contribuye, a la larga, a multiplicar los abortos. Y es que, precisamente por medio de ese certificado, tambi\'e9n se le arrebata al Est ado su deber de protecci\'f3n constitucional. \par Por regla general, los consecuencialistas son, asimismo, inconsecuentes. Sencillamente rechazan de todo punto y de forma concluyente aceptar las responsabilidades por las amplias consecuencias que se producen. El consecuencialismo, entonces, no puede responder de sus propias consecuencias. Esta contradicci\'f3n interna, que ha desarrollado, por ejemplo, Julian Nida-R\'fcmelin en su }{\i\f4\fs28 Cr\'edtica del consecuencialismo}{\f4\fs28 (1993) con matem\'e1 tica precisi\'f3n, supone tambi\'e9n su refutaci\'f3n. Una sociedad compuesta de puros estrategas privados, que subordina su acci\'f3n comunicativa y su capacidad de mantener los compromisos al c\'e1lculo optimizador, quedar\'eda paralizada. Adem\'e1 s, el consecuencialismo promueve la extorsi\'f3n, pues un consecuencialista debe estar siempre preparado para cometer un homicidio si se le amenaza con que, en caso de negarse, morir\'ed an diez personas: solamente a un consecuencialista se le puede amenazar con esto, y en este sentido aparece nuevamente el ejemplo del certificado de asesoramiento mencionado. Se intenta extorsionar a la Iglesia con la amenaza de que sin su cooperaci\'f3 n morir\'edan m\'e1s ni\'f1os. Quien participa de la deforme concepci\'f3n consecuencialista de responsabilidad, tiene que sucumbir a dicha extorsi\'f3n. La realidad es que, por una parte, ning\'fa n hombre puede vivir a la larga con ese concepto de responsabilidad sin corromperse moralmente y, por otra, sin sentirse permanentemente presionado. \par Si nuestro deber se limita siempre a perseguir un programa de optimizaci\'f3n, no nos estar\'e1 permitido hacer casi nada m\'e1s, sencillamente porque con aquel programa nos quedamos tranquilos y toda creatividad queda ahogada en ese c\'e1 lculo. De todas formas, aqu\'ed es v\'e1lido el dicho de que \'93lo mejor es enemigo de lo bueno\'94. Si siempre mantenemos el criterio de \'93lo mejor posible\'94, seg\'fan el punto de vista de las consecuencias, entonces dejaremos de preocuparnos m\'e1 s ante una reflexi\'f3n tan simple. \par El Ap\'f3stol Pablo condena en la Carta a los Romanos la m\'e1xima: \'93Perm\'edtenos hacer el mal de modo que salga de \'e9l algo bueno\'94. Los consecuencialistas no se sienten aludidos por esa condena; m\'e1 s bien al contrario, asumen la tesis de que lo que Pablo ah\'ed condena no se da realmente. O sea, que ellos han redefinido lo bueno y lo malo: moralmente bueno es lo que tiene consecuencia buena. La frase de Mefist\'f3feles: \'93 Yo soy una parte de aquella fuerza que siempre quiere el mal, pero siempre procura el bien\'94, ser\'eda aplicable \'fanicamente a los que no saben que est\'e1n procurando el bien. Mefist\'f3feles, que lo sabe \endash por eso \'e9l dice que s\'ed\endash es }{\i\f4\fs28 eo ipso}{\f4\fs28 bueno. \par Arist\'f3teles ha introducido una distinci\'f3n conceptual cuyo alcance no debe ser desestimado: la que se da entre \'93po\'edesis\'94 y \'93praxis\'94, entre producir y actuar. El producir posee la medida de su rectitud en algo distinto del m ismo producir, en un objeto producido o en una situaci\'f3n causada, mientras que la rectitud del actuar, por el contrario, radica en \'e9l mismo, en su adecuaci\'f3n a una situaci\'f3n, en su inserci\'f3 n dentro del plexo de las relaciones morales, en su \'93belleza\'94. La rectitud del producir viene juzgada por el \'93arte\'94, que los griegos denominan }{\i\f4\fs28 techn\'e9,}{\f4\fs28 mientras que la rectitud del obrar viene dada por la \'e9 tica. Naturalmente, todo producir se halla inscrito por su parte en un contexto pr\'e1ctico, y por ello tampoco est\'e1 exento de una evaluaci\'f3n moral. \par \'bfQu\'e9 es lo que acontece, sin embargo, cuando la \'e9tica comienza a entenderse como t\'e9cnica, como estrategia, como arte de la optimizaci\'f3n? Lo que entonces ocurre es que se suprime la instancia que pone l\'edmites a la prosecuci\'f3n de nuestros objetivos. Se suprime lo que para los griegos representaban esos l\'edmites, el pudor \endash \'bfqu\'e9 cara se pone cuando se dice algo as\'ed ?, pregunta Neoptolomeo a Odiseo cuando le propone acabar con el amigo Filoctetes mediante una mentira para salvar a los griegos de Troya\endash ; s\'f3 lo queda entonces un imperativo: perseguir los fines buenos oportunamente, por lo que, con todo ello, finalmente desaparecen las que Hegel llamaba \'93relaciones morales\'94. En efecto, entre el que da su palabra y el que la recibe se establece una relaci \'f3n de este tipo. La obligaci\'f3n de mantener un compromiso nace de la palabra dada, y se trata de un compromiso frente a aquel a quien se le hizo la promesa. Para los consecuencialistas s\'f3lo existen obligaciones respecto a personas individuales de un modo indirecto. El aut\'e9ntico objeto de la moral s\'f3lo ser\'eda \'93lo mejor\'94, tomado gen\'e9ricamente. La posibilidad de fiarse de un compromiso representa, no obstante, un elemento importante en la convivencia humana, y la perturbaci\'f3 n de esa confianza perjudica ese elemento. El deber de mantener un compromiso se deriva, para los consecuencialistas, del deber de la optimizaci\'f3n. \'c9sta constituye una responsabilidad para el mantenimiento de la importante instituci\'f3 n del compromiso. Pero, por ejemplo, quien se compromete a solas ante la petici\'f3 n de un moribundo, puede prometer lo que quiera, dada la circunstancia de estar sin testigos, sin sentirse vinculado en todo caso por la muerte del interlocutor. Promesa y ruptura de \'e9sta quedan, pues, sin consecuencias. \par Esto no es precisamente lo que la gente corriente entiende como moral, pero el consecuencialista tiene que encontrar tambi\'e9n correcto que la gente corriente no piense de un modo consecuencialista. Esta gente podr\'e1 pensar tranquilamente en categor \'edas de relaciones morales y seguir unas reglas normativas como si \'e9stas contuviesen en s\'ed mismas alguna importancia. Esto no puede ser sino una ventaja. El fil\'f3sofo o te\'f3 logo consecuencialista conoce, no obstante, el arcano de la moral, y ese conocimiento lo eleva por encima de las personas corrientes. \'93Todo le est\'e1 permitido\'94, y las normas morales le supeditan de la misma manera que a los peatones la prohibici \'f3n de cruzar el sem\'e1foro en rojo. En buena ley, deber\'edan respetarse, pero no hace falta, si las infracciones carecen de consecuencias, por ejemplo si es de noche y se cruza la calle sin ni\'f1os. Ejemplo de una regla t\'e9 cnica, que solamente tiene consecuencia moral de modo secundario. \par Tom\'e1s de Aquino dio en su }{\i\f4\fs28 Summa Theologiae}{\f4\fs28 un ejemplo convincente para fundamentar las normas morales que tiene conexi\'f3n con lo que he denominado \'93relaciones morales\'94 en Hegel. Tom\'e1 s describe el caso de un hombre buscado por un delito. \'bfHabr\'e1 que auxiliarle, o m\'e1s bien habr\'e1 que ayudar a la polic\'eda? Tom\'e1s responde: depende de las responsab ilidades concretas. El gobernante ha de pensar en la eficacia policial, y la mujer del delincuente debe ayudar a su marido a ocultarse, pues ella es responsable del \'93bienestar particular de su familia\'94 , mientras que el gobernante, por el contrario, ha de responsabilizarse del \'93bien p\'fablico del Estado\'94. Ambos, seg\'fan y c\'f3mo, deben respetar el deber del otro; la mujer no puede convertirse en terrorista, y el juez no puede perseguirla por \'93obstrucci\'f3n a la justicia\'94. (De este modo puede el Estado, cumpliendo con su deber, hacer disminuir el n\'famero de los abortos, y la Iglesia, cumpliendo con el suyo, no cooperar en ninguno de ellos, no poniendo en pr\'e1 ctica ninguna de las conductas cuyo resultado es el aborto). \par El derecho moderno de los Estados libres contempla, por lo dem\'e1s, esa misma concepci\'f3n. Ni el juez ni la mujer del delincuente antes mencionados saben lo que el consecuencialista afirma saber: que, en realidad, al final ocurrir\'e1 lo mejor para todos. Tom\'e1s dice: eso s\'f3lo lo sabe Dios. \'c9l es el \'fanico que cuida por el \'93bien del universo\'94. A nadie le est\'e1 permitido suplantar a Dios, pues tampoco nadie conoce lo suficiente. G.E. Moore, el fundador del \'93 consecuencialismo axiol\'f3gico\'94, ha reconocido como ning\'fan otro de sus sucesores el car\'e1cter ut\'f3pico de esta teor\'ed a, cuando dice que desconocemos fundamentalmente las consecuencias a largo plazo de nuestras acciones, por lo cual, como consecuencialistas, tampoco podemos conocer lo que sea lo moralmente bueno. No nos queda m\'e1s que aceptar que los resultados ben\'e9 ficos a corto y medio plazo tambi\'e9n lo sean a la larga. Pero, contin\'faa Moore, no podemos afirmar tajantemente que las cosas no puedan ser de otra forma. \par Que lo bueno tenga consecuencias buenas no lo consideraban Kant y Fichte como una verdad anal\'edtica, como hacen los consecuencialistas, sino como una cuesti\'f3 n religiosa, de fe en un gobierno divino del mundo. En lugar de querer lo que Dios quiere que suceda \endash y esto \'fanicamente lo podemos conocer }{\i\f4\fs28 a posteriori\endash }{\f4\fs28 debemos, como afirma Tom\'e1s de Aquino, querer lo que Dios quiere que queramos. Esto, a diferencia de lo primero, s\'ed podemos conocerlo, pues la raz\'f3n pr\'e1ctica nos ilustra sin ning\'fan esfuerzo moral de predicci\'f3n. \par }}